Cuando uno mira las filas de los trabajadores independiente en medio del agua, el sol, el hambre, la angustia, la furia, se imagina que es para recibir algún auxilio del estado o de cualquier gobierno, pero la sorpresa es mayúscula cuando nos enteramos que esas filas, con hambre, agua, sol, frustración, soledad y furia es para pagar la seguridad social, es decir, para darle plata al “Estado”; pero la desesperación es mayor cuando nos damos cuenta que se trata de filas en las que se concreta la improvisación, la desfachatez, el desgobierno de un